POR FIN UNA LUZ DE ESPERANZA PARA CASANOVA
Una ex-amante de Casanova le comentó que su marido era un empresario dedicado a la organización de cursos y talleres sobre erotismo y técnicas de seducción. Rita -así se llamaba la ex- propuso a nuestro Casanova ser monitor de alguno de los cursos y él sin pensarlo dos veces aceptó.
Casanova comenzó a trabajar esa misma semana. Debido a sus amplísimos conocimientos sobre la materia, locualicadad y capacidad comunicadora, el ilustre seductor, conocido en toda Europa, pronto ascendió en el escalafón de la empresa. Los cursos impartidos y planificados bajo las directrices elaboradas por Casanova (por ejemplo los titulados "El beso de Singapur" y "Afrodisíacos personalizados") tenían un éxito clamoroso. Por no mencionar sus sagaces comentarios a la autobiografía escrita por Giaccomo Casanova, en 15---que solían despertar en el alumnado verdadero entusiasmo.
En poco tiempo la afluencia de estudiantes había aumentado hasta triplicarse. El prestigio como seductor que con justicia había logrado Casanova actuaba como un imán para atraer al centro de estudios a nuevos alumnos. El número de matrículas crecía cada año.
Las clases eran de excelente calidad, lo que contribuía a que el nivel de satisfacción del alumnado fuera mayor. Y todo ello gracias al buen hacer profesional de Casanova. No se hicieron esperar las merecidas felicitaciones y parabienes del marido de Rita por su dedicación y brillantez, felicitaciones que fueron acompañadas de un incremento salarial.
Casanova se preguntaba a veces si el marido de Rita sabía que ella y Casanova habían sido amantes tiempo atrás, en una época anterior al matrimonio entre Rita y su esposo. En cualquier caso, el de Chamberí decidió no seguir dando más vueltas a este asunto y centrarse en su quehacer docente.
Los meses fueron transcurriendo. Casanova y Rita tomaban café juntos casi todos los días, y en uno de estos encuentros Rita contó a Casanova confidencialmente que su esposo tenía ciertos caprichos eróticos.
- ¿Ah sí, cuáles?
- Pues por ejemplo le gusta "el juego del cornudo" - respondió ella
- ¡Caray!
- Y quiere que participes, dada tu experiencia como experto en erotismo y seducción
- No sé que decirte. Yo trabajo para él. Me da corte, Rita.
- Aleja esas preocupaciones, hombre. Él ha insistido. Quiere que juguemos al cornúpeta. Eso le pone. Y le hace ilusión. todos los hombres tenéis caprichos. Qué te voy a contar. Complácele, venga.
- ¿Esto no afectará a mi trabajo y a la relación laboral que mantenemos?
- En absoluto. Te lo prometo.
Finalmente, Rita, su marido y el de Chamberí concertaron una cita en el hotel Palace de Madrid, a las 7 p.m., habitación 69, una habitación decorada con exquisita elegancia. Primero el marido pidió a su esposa y a Casanova que se desnudaran y se ducharan juntos en el cuarto de baño, con naturalidad, como si él no estuviera presente.
Después añadió: "como si fuérais amantes". Frase que no dejó indiferente a Casanova (le hizo sospechar que el marido conocía aquel amorío de antaño entre Casanova y su esposa), si bien enseguida trató de ocultar cualquier atisbo que delatara sorpresa en su rostro .
Mientras se duchaban y se daban gel de baño el uno al otro de un modo sensual, el marido observaba la escena, a escondidas, asomando ligeramente la cabeza por el hueco que dejaba la puerta entreabierta.
A continuación les dijo que por favor se tumbaran en la cama y empezaran a acariciarse, besarse y practicar sexo oral sin inhibiciones. y así lo hicieron. Rita siguió aquellas instrucciones por complacer a su marido. Casanova, porque seguía sintiendo atracción hacia su ex-amante. Y, también, por no contrariar a su jefe.
El marido, que contemplaba en silencio la escena con ojos de viva curiosidad, sentado en un sillón, cerca de la cama, poco a poco fue excitándose, hasta que al final, sin poder contenerse por mas tiempo, se bajó la cremallera para empezar a cascarse un pajote.
De repente, alguien golpeó la puerta con la mano: toc-toc. La pareja, asustada, reaccionó tapándose rápidamente con las sábanas. El marido, por su lado, se subió la cremallera del pantalón, se levantó del asiento y fue a abrir la puerta. Era una camarera que traía unas botellas de champán y las introdujo en la habitación sobre un carrito.
A continuación se quitó la falda, ante la sorpresa de Rita y Casanova, mostrando una lencería color granate de lo más sexy. Delante de su esposa y sin mediar palabra, seguramente porque había un acuerdo previo entre el director de la Academia y la empleada del hotal, el marido empezó a follar con la camarera, que se había agachado, para facilitar la penetración.
Rita no salía de su asombro. La mezcla explosiva de celos y rabia que sintió al ver con todo lujo de detalles como su esposo se tiraba a la camarera, la dejó atonita y sin saber cómo reaccionar en ese momento. Por lo que respecta a Casanova, éste decidió seguir tocando y besando a su antigua amante, "carpe diem", sin más consideraciones.
Rita sentía la lengua de Casanova deslizándose húmeda y apasionadamente por su cuello, pero era incapaz de concentrarse en el placer. Mientras Casanova se la metía, Rita contemplaba estupefacta el polvazo que el granuja de de su marido le estaba echando a la camarera, la muy p...: jadeos, lascivia, pasión a tope...
Rita no se esperaba semejante comportamiento de su esposo. La estaba traicionando con otra mujer, y, para colmo, delante de sus propias narices. Aquello era como si la arrojaran encima una jarra de agua gélida sin previo aviso. Rita no era capaz de controlar ese cócktail de sentimientos perturbadores que se agitaba en su corazón: celos, rabia, deseos de venganza.
Casanova, por su parte, se dejaba arrastrar por la voluptuosidad y se deleitaba follando con Rita, a pesar de que ella tenía la atención en otra parte. Su marido se excitó sobremanera viendo como otro se beneficiaba a su mujer. La escena de alto voltaje erótico activaba los resortes de su morbosidad hasta tal punto que sólo a ratos apartaba la vista de la pareja.
Pero ¿y Rita?. Ella no disfrutó. Al contrario: sufría, carcomida por los celos y una profunda decepción. La sorpresa de la camarera no fue en absoluto de su agrado.
No le encontraba ninguna gracia al numerito. Desde luego "no era lo acordado", se repetía a sí misma una y otra vez mentalmente. Se planteó el juego del cornudo, caramba, no el de la cornuda. ¡Menudo timo! Rita no podía dejar de sentirse engañada. Cuanto más lo pensaba, mas ardía su enfado.
Varios días después, Rita decidió solemnemente cortar con su marido. No sólo a causa de la historia del Hotel Palace, aunque esa jugarreta pesaba mucho en la balanza. También por otras razones. Por ejemplo, su insufrible tacañería.
El marido, como defensa, alegó que su intención nunca fue ocasionar una crisis matrimonial sino simplemente divertirse, y le rogó a Rita que le perdonara. Sin embargo, Rita se mantuvo firme: no hubo perdón. Para ella supuso una afrenta. Finalmente se separó de él.
Poco tiempo después, Rita retomó su antigua relación de amantes con Casanova, a quien realmente en el fondo de su alma nunca había dejado de amar. Pese a lo sucedido, Casanova continuó trabajando en la empresa de cursos de seducción y erotismo, propiedad del ahora ex-marido de Rita. A este hombre no le importó que Rita se lanzara en brazos de Casanova, uno de sus empleados.
Prevalecieron el pragmatismo y los intereses económicos sobre los posibles resquemores generados por la separación. Casanova era el mejor profesor de su empresa con diferencia y gracias a él estaba ganando mucho pero que mucho dinero. Por tanto, el dueño y director de la Academia de Seducción no estaba dispuesto a perderle como trabajador. Habría sido un craso error, además de una estupidez.
Razonó con mentalidad de negociante, soslayando los sentimientos. ¿Acaso el hecho de que Casanova hubiera enamorado a su mujer no era prueba fehaciente de la maestría de este gran profesor a la hora de seducir? Sin duda, merecía la pena conservarle como empleado en su empresa.
Por lo que respecta a Casanova, tras una racha bastante mala en tiempos recientes, jalonada de percances, calabazas y fracasos, por fin había conseguido lo que anhelaba: un empleo estable y bien remunerado (lo que no era poca cosa en tiempos de altas tasas de paro), una mujer magnífica que le amaba con sinceridad y el reconocimiento de su valía como eminente experto en el campo de la seducción.
En el pasado quedó aquel estilo de vida que había caracterizado su andadura a lo largo de tantos años en los que todo giraba en torno a las mujeres, aventuras, amoríos y romances. Esa era en realidad la actividad que más le agradaba, la cual -confesaba a sus amigos mas cercanos- consideraba su verdadera vocación y a la que dedicaba la mayor parte de su tiempo y talento.
En sus múltiples andanzas y correrías, guiadas siempre por el objetivo claro de la conquista, la alegría y el disfrute hedonista había mantenido no numerosas sino mas bien innumerables relaciones con mujeres. Eso le había alzado al podium de célebre seductor, aunque no tan conspicuo -claro está- como su admirado Casanova italiano. No podemos comparar lo notable con lo más excelso; que es la distancia que separa al Casanova de Chamberí con Giacomo Casanova, el gran seductor nacido en ....
En todo caso, había llegado ya la hora de retirarse, en parte debido al avance ineludible de la edad. Casanova pensaba que era el momento ideal para compartir su experiencia, lances amatorios, observaciones acerca de la psicología femenina, recuerdos, el bagaje y los conocimientos adquiridos, ese inmenso bagaje, compartirlo, como digo...
Y darlo a conocer a otras personas, procedentes de España y de otros países, interesadas en aprender cosas, tanto en el plano teorico como en la práctica, sobre el extenso mundo de la seducción y la conquista, que tantas atisfacciones (y algún quebradero de cabeza) le había brindado durante su vida.
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